domingo, 28 de enero de 2007

Motor Apple

La importancia que Apple está teniendo en la impulsión del uso de las nuevas tecnologías, ¿nuevas?, es tan importante, que cualquiera que vive con curiosidad la evolución de las pantallas debería estar muy agradecido a la marca de la manzana mordida. Esta semana, ese fenómeno que es Steve Jobs volvía a montar uno de sus shows para presentar dos productos completamente revolucionarios. En primer lugar, el IPhone, el nuevo teléfono móvil de Apple que sin que exista ya es deseado por millones de potenciales usuarios, con un diseño revolucionario y de nuevo con un morbo de producto que solo Apple ha sabido hacer. El otro producto, no menos revolucionario, se llama Apple TV y es nada menos que la famosa caja negra (ahora es blanca) de la que yo les hablaba hace unos meses en esta misma columna, esa que iba a llegar e iba a mandar en las imágenes, videos y comunicaciones de nuestros hogares, un aparatito de 300€ que no solo vamos a comprar masivamente sino que va a hacer a Apple entrar en el sancta-sanctorum del hogar, en pantalla del televisor, en el templo publicitario por excelencia. La integración absoluta del ordenador personal (Mac o PC) y la televisión llega a toda velocidad y las implicaciones de este cambio en nuestra labor publicitaria son tan importantes que no me explico cómo la mayor parte de las agencias mantienen aún un discurso decadente basado en la publicidad del siglo pasado, cómo aún los anunciantes hacen cola en las televisiones convencionales para colgar sus planes de medios convencionales. Y lo que es peor de todo, cómo las agencias que están intentando dar el salto, aventurarse en los nuevos caminos digitales e integradores de ideas, se dan golpe tras golpe contra el conservadurismo, el miedo y la reacción al cambio de los de siempre. He leído un par de días seguidos el Mentidero de la versión digital de esta revista (más de dos días seguidos puede ser peligroso) y todo el debate creativo se mantiene en las ideas felices y su ejecución en cine, igual que hace cinco años, igual que hace diez. Ninguna mención al gran cambio, a esta nueva democracia mediática que les va a cambiar de oficio y que ya se lo ha cambiado a sus colegas norteamericanos o británicos. ¿Son esos que escriben los que deben hacer cambiar este mercado?, ¿alguien con criterio en sus agencias les está explicando que los de los Mini-Amenabares y los Mini-Almodóvares se acaba, que ellos no son cineastas y nunca lo serán? Un artículo en Ad-Age publicaba los mejores trabajos del 2007, todos estaban en un entorno digital: Evolution de Dove y Ogilvy, Shave Everywhere de Phillips y Tribal DDB, Burger King por Crispin Porter, o el extraordinario trabajo de Silverstein para Saturn usando Google Maps…, aquí seguimos debatiendo sobre los payasos de Iberia o si se entiende lo de Renault, los chicos siguen discutiendo si en el anuncio de Ikea tienen acento catalán. ¿Nos estamos volviendo todos un poco locos? ¿Nos estamos quedando atrás? La respuesta es dos veces si; no puedo decir otra cosa, cambiaremos pero esta vez, como tantas antes, llegaremos tarde. Decididamente el mercado publicitario español se ha acomodado y el cambio de mentalidad está costando mucho, a los anunciantes y a las agencias, por suerte para los medios tradicionales. Ángel Riesgo para la revista Anuncios. Enero 2007

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