sábado, 7 de abril de 2007

Adictos a la Blackberry

Hace ahora dos años ya avisábamos en esta columna de una nueva enfermedad contagiosa, los que llamamos entonces Ejecutivos Zarzamora se han multiplicado en estos 24 meses y lo que podía ser un juego inocente se ha convertido en el vicio más tonto del ejecutivo actual. Vive con ella, conduce con ella, escribe en ella sin parar y hasta duerme con ella, por si acaso. El fenómeno Blackberry es en el mundo de los negocios equivalente al de los SMS en el mundo joven, un vicio inesperado. La idea inicial no era mala, los email llegan al ordenador de la oficina, pero si se consigue hacerlos llegar a un teléfono móvil especial y además logramos que eso sea inmediato, uniremos el indiscutible poder del correo electrónico con la cercanía única del móvil; así lo que hace dos años era una herramienta de las élites, es ahora un paso más en la peligrosa adicción al trabajo que las profesiones más sincopadas, como la publicidad, tienen casi a gala. El “siempre disponible” es muy de agradecer en cualquier empleado, pero ahora casi se ha convertido en una obligación. Pero lo más preocupante es que una vez que te entregan la bonita maquinita los correos electrónicos llegan sin parar, no puedes frenarlos, y al finalesta maquinita es la que marca tu ritmo. Algunos altos ejecutivos, como Sir Martin Sorrell, presidente de WPP, tienen a gala responder a todos sus emails en menos de diez minutos; este tipo de actitudes llevan evidentemente a interrumpir otras cosas y a decidir de manera inmediata y rápida. ¿Es eso lo mejor?, no estoy seguro, pero si sé que el monstruito te engancha hasta asustar. Siempre me ha molestado esa curiosa prioridad que tiene el teléfono sobre todos los otros medios de comunicación, incluido el cara a cara, si en una casa se está hablando de algo importante y suena un teléfono, la conversación se interrumpe para contestarlo, ignoro el motivo pero su poder coercitivo es muy grande. Ahora nuestras Blackberries marcan el ritmo de los negocios, la inmediatez manda, la reflexión y el dialogo pueden esperar. Ángel Riesgo para ABC, abril de 2007

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