sábado, 13 de febrero de 2010

La SED

Es buena!

sábado, 6 de febrero de 2010

MI AMIGO OSCAR BILBAO Y SUS HEREDEROS DE ROWAN HAN ESCRITO UN MANIFIESTO AL QUE LLAMAN DELICATESSEN Y LO ES... GRACIAS!

El “mundo viejuno” nos acecha. Y para conjurarlo no basta con ponerse bambas y camisetas molonas o llevar gafas de pasta. El lastre es demasiado pesado y sale de muy adentro, El mal está muy enquistado y no sirve poner paños calientes o hacer un banner en formato “pop up”. No busquemos culpables de la situación en la que se encuentran agencias y comunicación, o agencias de comunicación. Recuerda a Doryan Grey y su espejo. He llegado el momento de cortar por lo sano, de separar la carne putrefacta, de quitar lo que no sirve y de quedarse con lo que de verdad importa, de olvidarse de descuentos, rápeles y comisiones, de recuperar nuestra esencia y nuestra razón de ser. Porque lo nuestro son la estrategia y la creatividad, la estrategia creativa y la creatividad estratégica. Y nada más. Porque primero están las ideas y después vienen los formatos. Porque ya no se puede pensar en televisión o en gráfica o en redes sociales. Porque primero hay qué pensar qué queremos decir y a quién. Y después vendrá el cómo y el dónde. Y habrá que hacerlo de manera notoria, diferente y, por supuesto, adecuada. Y eso es estrategia. Y eso es creatividad. Estrategia creativa y la creatividad estratégica. Porque sólo la creatividad nos hará libres. Libres de esas rencillas absurdas entre clientes y agencias, libres para trabajar mano a mano y de igual a igual con el anunciante, haciendo equipo, construyendo comunicación y relaciones sólidas basadas en el feeling y la profesionalidad, ajenas a “preséntame dos líneas diferentes, ampliando target y con la mitad de presupuesto… mañana a primera hora” Relaciones cimentadas en el respeto, la confianza y los resultados. No en concursos indiscriminados y no remunerados, sino en el valor del trabajo hecho para otros y para él mismo, en la reputación de la agencia, en su orgullo por el trabajo bien hecho. Libres para trabajar con los mejores, con los que tienen mucho que enseñar, dentro y fuera de la agencia. Para saber que nuestro trabajo puede, y debe, ser mejorado. Para hacer equipo con los mejores fotógrafos, realizadores, impresores… sin que el arañar un 10% más en producción sea la “reason why” de cada campaña. Para funcionar, dentro y fuera, con clientes y colaboradores, no como una orquesta que nosotros dirigimos con mano férrea, sino como una banda de jazz en una inolvidable e irrepetible jam session en la que trabajamos para lucimiento del cliente y, por qué no, nuestro. Porque para eso también hemos de ser libres. Libres para liberarnos de vergüenzas, tabúes y falsas modestias, y tener claro que no vale con predicar, que hay que aplicarnos a nosotros lo que vendemos a nuestros clientes, que hay que dejarse ver, comunicar, arriesgar… Libres de llevar el peso de ser los más grandes para poder ser los mejores. De no poder competir con las multinacionales, de saber que ellas tampoco pueden competir contigo. De ser ligeros y rápidos. Y todo esto, amigo mío, no es de hoy. Comenzaban los años 80 y algunos de esos creativos, que con sus “boutiques creativas” nos llevaron al tercer puesto en la creatividad mundial fueron mucho menos viejunos que gran parte de las actitudes, miedos, recelos y vicios que hoy nos acechan.

viernes, 5 de febrero de 2010

El Sparring

A veces las agencias jugamos la partida equivocada, olvidamos que otros no hacen su trabajo con ilusión, con generosidad, con nobleza, sino con habilidad, con técnica con frialdad. En las agencias somos toros y deberíamos ser más zorros. La pelea por el éxito es nuestro karma, la ilusión de ganar no nos deja ver a veces las reglas del juego marcadas, lo equivocado del entusiasmo y la necesidad de cambiarlo por pragmatismo... Este grito de dolor y rabia tiene motivos complejos, lo vamos a llamar el efecto sparring...
Algunos clientes juegan el juego del deseo de manera sabia y también grotesca. Son como mujeres expertas dejadose querer por varones cegados por la testosterona, dándoles los capotazos justos, aprendiendo y divirtiéndose, pero quitándoselos de encima a tiempo, siempre antes de otorgar sus favores.
Este año los departamentos de marketing de algunos anunciantes han jugado al boxeo, su agencia "super-welter", estaba poco peleada, el fee, aunque magro, no se estaba justificando con las bajadas de actividad e inversiones, "estos chicos enseguida se relajan y eso no es bueno, van a engordar y solo nos faltaba...", lo mejor es convencerles que van a perder la cuenta, para que entrenen más, para que piensen más. Para eso necesitamos un sparring, o mejor muchos sparrings. ¡Convoquemos un concurso!, aprenderemos, viviremos lo que se cuece en el exterior, conoceremos gente y a lo mejor hasta nos dan ideas, pero lo que nunca querriamos es dejar a nuestra agencia, esto solo es un entrenamiento, un "review" dicen algunos más anglos... Es como un master gratuito, o casi. Esos sparrings tienen un defecto, o una virtud, y es que no saben que lo son, ellos se creen boxeadores, pero por muy poquitos euros (cuando se les paga) les han contratado de sparrings, aunque no se lo han contado, así entrenarán mejor. No me gustan los concursos con incumbente, si quieres cambiar de agencia, cambia, invita a otras, pero a la tuya ya la conoces, ¿no?, déjale la cuenta o despídela antes del concurso, eso son reglas justas. Lo otro es incertidumbre y sopecha. No me gusta entrenar a otros en mis carnes, aunque sean colegas... Disfruten con un ejemplo de las declaraciones de un anunciante a un medio del sector tras el entrenamiento ¿o era un concurso?. Esto se ha publicado hace menos de un mes:
“La marca necesita avanzar , no se debe a ningún tipo de incompatibilidad” y que están “muy satisfechos del trabajo de la agencia”. De los sparrings no se dice nada.